No lo escucho, lo siento tan lejano y apenas creo poder hablarle.
Quiero correr o por lo menos caminar, sin embargo me quedo quieta.
Y si me escapo? El no me perdería de vista, me encontraría y llevaría a mi lugar.
Intente de todo para salir de esto pero seguía en el mismo sitio y aunque no me moviera parecía que todo estaba yendo más profundo.
Quería irme porque estaba frustrada, enojada, sin rumbo. Pero el me abrazaba con amor e insistía con ternura que me quede.
Él me daba un amor muy puro y sobrenatural.
Parecía que me estaba obligando pero en realidad no, la realidad era que fue la primer persona que se quedó en cada momento y me perdonó todo hasta los errores que humanamente ni errores eran. Y por eso no me iba, porque el me abrazaba. Yo con la boca podia gritar soltame pero mi cuerpo no hacía fuerza para salir de sus brazos, me sentía protegida.
Cuando me di cuenta de eso, decidí darle mi corazón, mis pensamientos y mi Alma.
Fue el momento más hermoso que pude apreciar. Le entregue lo más importante y el se encargó de regalarme las cosas más bellas y de hacerme sentir una princesa.
Al principio tenía miedo, más ahora puedo ver que todo lo que el preparo en mis caminos van a ser para perfeccionar mi vida. Así las cosas sean buenas o difíciles, todas ellas si vienen de Dios son para bien aunque no las entienda.
Por eso también decidí entregarle mi confianza, esa confianza que ni a mi misma la tenía.
Damaris A. Werbes.